La propuesta de iluminación se planteó no solo como un recurso técnico, sino como un lenguaje capaz de articular atmósferas, guiar recorridos y transformar un espacio temporal en una experiencia trascendente.
El concepto de diseño partió de la búsqueda de armonía entre brutalismo y sobriedad, explorando la luz como elemento estructural y emocional. La integración de iluminación natural y artificial crea contrastes teatrales: el atrio central se ilumina con juegos de sombra que exaltan el concreto y el acero expuesto, mientras que espacios subterráneos, como el Minos Sound Bar, apuestan por escenas íntimas y misteriosas.
La innovación del proyecto radica en concebir la luz como un puente entre lo técnico y lo artístico. No se trata únicamente de iluminar, sino de narrar: guiar al usuario entre introspección, vitalidad y contemplación. Cada escena es una composición visual que despierta sensaciones de calma y pertenencia, generando un espacio de hospitalidad que trasciende lo funcional.
Arquitectura: JSa



















